Dos agujas que se cruzan en el mismo orificio, a mano, a lo largo de cada canto. Théo Galbert cose cada tarjetero en París con punto de guarnicionero para que ninguna costura dependa de un solo hilo, deja el interior sin forro y coloca el degradado Himalaya justo donde lo sujetan los dedos. Sale plano del bolsillo y vuelve a entrar igual.